Los Hórreos

¿Dónde encontrarlos?

Hay hórreos en Galicia y norte de Portugal, en toda Asturias y en el norte de la provincia de León; se hallan también, aunque escasos ejemplos, en las provincias de Santander, Palencia, País Vasco y Navarra.
En la provincia de León se conservan hórreos en el noroeste del Bierzo, en Laciana, en Babia y en toda la montaña oriental.
Algunas construcciones similares, es decir, graneros levantados sobre pilares, están esparcidos por varios países del mundo: suroeste de Inglaterra, Noruega, Suiza, Norte de Italia, Rumanía, etc.

Origen

No sabemos con seguridad cual es el origen de estas construcciones. Simplificando podríamos señalar que existen dos teorías sobre su origen:

1)  Los expertos portugueses Jorge Dias, Ernesto Veiga de Oliveira y Fernando Galhano sostienen que los hórreos hispánicos proceden de la zona de Pomerania (entre Alemania y Polonia), habitada en la antigüedad por el pueblo suevo, que en el transcurso de las grandes invasiones bárbaras de los siglos V y VI se establecieron en el noroeste de la península, trayendo consigo este tipo de construcción.

2)  Para otros etnógrafos, como el leonés José Luis Alonso Ponga,  los hórreos existían ya en España antes de la llegada de los romanos. Avalan su tesis testimonios de geógrafos e historiadores romanos. Así Varron (s. I a. de C.) habla de los «granaria sublimia», graneros suspendidos, y recomienda su uso para conservar el trigo. También Plinio el Viejo (s. I d. de C.) escribe que “en otros lugares construyen graneros de madera, suspendidos por columnas, prefiriendo dejar que el aire sople por todos los lados y aun por debajo…”.

Tipos de hórreos

  • El hórreo rectangular y alargado, apoyado sobre varios pares de postes y con cubierta a dos aguas, denominado generalmente «gallego».
  • El cuadrado, apoyado sobre cuatro postes y con cubierta a cuatro aguas, conocido como «asturiano».
  • Se alude también en ocasiones al hórreo «cántabro» o «mixto» como una variedad del asturiano. Se trataría de construcciones ligeramente rectangulares y con cubierta a dos aguas. Curiosamente apenas se conservan ejemplares de estos hórreos en Cantabria, mientras que son abundantes en el noreste de la provincia de León.
  • Aunque no son muy numerosos, existen en Galicia ejemplares de hórreos circulares, llamados a veces «canastros».

Más información sobre los hórreos

El material empleado para la construcción del hórreo es fundamental y casi exclusivamente la madera. Casi nunca se emplea el hierro, ni siquiera para ensamblar o remachar las tablas; la piedra aparece sólo como en los tornarratas y, como sustituta de la madera, en algunos pegollos. En las cubiertas, sobre el entramado de madera, se coloca paja, pizarra o teja curva (llamada con frecuencia «árabe»).

El hórreo se levanta del suelo por medio de cuatro o más apoyos consistentes en columnas de madera o piedra de metro y medio a dos metros de alto y de forma troncocónica (más anchas en la base que el parte superior). Son los «pegollos», patas o pies derechos, casi siempre de madera, aunque hay algunos ejemplares de piedra, como en el caso de Felechas.

Estos pegollos no suelen apoyarse directamente en el suelo, sino sobre unos dados de piedra denominados en Asturias «pilpayos», que, en el caso de los pegollos de madera, evitan el deterioro que supondría el contacto continuo con la tierra. Estos dados permiten además corregir el desnivel del suelo y equilibrar el hórreo.

Sobre los pegollos se colocan unas lajas de piedra más o menos redondeadas, que sobresalen en derredor, denominadas «tornarratas», pues su misión es evitar que los roedores puedan acceder a los productos almacenados.

La base de la plataforma es el cuadro, formado por cuatro vigas gruesas, generalmente de roble, llamadas traves, cuadrales o pontones, que se ensamblan en las esquinas y sobre las que se coloca el piso.

Sobre el cuadro se colocan las paredes del hórreo, formadas casi siempre por tablas verticales, aunque en el noreste abundan los ejemplares con las tablas dispuestas horizontalmente. El ensamblaje de todas estas piezas se realiza tradicionalmente mediante espigos y escopladuras; sólo modernamente se ha recurrido a remaches, puntas, clavos o tornillos.

Con frecuencia, para contrarrestar el enorme peso de la cubierta, se colocan unos refuerzos que abrazan las paredes en las esquinas o unos «tornapuntas» que descargan la fuerza directamente sobre el cuadro.

Las paredes del hórreo se completan con otro cuadro, similar al inferior, pero con vigas menos gruesas. Sobre ellas se colocará el armazón que soportará la techumbre. La cubierta del hórreo fue tradicionalmente de paja de centeno y así se ven aún los que se conservan en Ancares, Bierzo Occidental y Laciana; posteriormente las cubiertas evolucionaron hacia la pizarra, en los bercianos y lacianegos, o la teja, en la montaña oriental (no faltan, en los últimos años, monstruosidades a base de uralitas o chapas).

La techumbre predominante es a cuatro aguas, con pequeños aleros que sobresalen del cuerpo, pero son muy frecuentes, especialmente en la montaña oriental, los construidos a dos aguas. Hay casos excepcionales a tres aguas en Felechas.

El acceso al hórreo se realizaba de formas muy distintas, siendo la más frecuente una pequeña escalera de piedra (en Prioro son abundantes los hórreos que cuentan con una escalera tallada sobre un tronco) que no llega al vano de la entrada para evitar el paso de roedores.

Su interior podía ser compartido, estableciéndose divisiones.

En nuestra provincia no se han difundido los hórreos con barandilla, al estilo asturiano, salvo en algunas construcciones recientes. Tampoco es frecuente cerrar el espacio de debajo del hórreo para lograr un segundo habitáculo, aunque hace algunos años se modificaron algunos para conseguir así una cochera, un trastero, un gallinero o un leñar cerrado.

Los hórreos están protegidos por la Junta de Castilla y León, según decreto 69/1984 de 2 de agosto. Diputación de León y Junta de Castilla y León convocan periódicamente ayudas para la conservación, restauración y rehabilitación de construcciones tradicionales. 

Felechas conserva todavía 4 hórreos pero debió contar con bastantes más. En la década de los 80 fue derruido el que se encontraba junto al caño, frente al actual Teleclub, del que pueden verse algunos restos. En la calle Cimera se conservan también los pegollos de un hórreo que existió en el lugar, lo cual indica que no hace demasiados años que desapareció.

Tres de los cuatro hórreos existentes se agrupan en una plaza, en el centro del pueblo, formando uno de los conjuntos más interesantes de la provincia. El otro se localiza en un corral en el Barrio del Carbajo, muy cerca de la iglesia.

Algunos de estos hórreos presentan algunas singularidades interesantes:

Los pegollos son de piedra bastante tosca, apenas labrada, cuando lo más frecuente es que estén realizados en madera. Quizás la humedad presente en el terreno en el cual se ubican llevase a sus constructores a optar por la piedra. Varios de estos hórreos presentan un alto número de pegollos (6-7), quizás debido a sucesivos refuerzos que han sido colocados por sus dueños.

Las tablas que forman las paredes se disponen de forma horizontal, lo cual es bastante usual en la montaña oriental pero raro en el resto de la provincia y muy extraño en Asturias.

Uno de los hórreos de la plaza (el de abajo) es cuadrangular y con cubierta a cuatro aguas, similar a los asturianos. Los otros dos son ligeramente rectangulares, pero presentan cubiertas tres aguas, lo que constituye un caso probablemente único entre los hórreos leoneses (desconocemos si existen casos en Galicia, Asturias o Cantabria).

En cuanto al último hórreo, su planta es rectangular y con cubierta a dos aguas, lo que le emparentaría con los denominados hórreos cántabros.

El estado de conservación de estos cuatro hórreos es deficiente. Se ha hecho algo: calzarles y nivelar, pero se reparan con cemento algunos desperfectos, lo que puede aumentar su deterioro. Se han retirado algunos refuerzos. Especialmente lamentable es la situación del hórreo situado en el Carbajo, que amenaza con venirse abajo en cualquier momento.

Los hórreos de Felechas tienen un significado especial para los vecinos, pues constituyen el símbolo del pueblo, sus señas de identidad. Cuenta la tradición que en uno de ellos se depositaban los diezmos y primicias que el pueblo pagaba a la Iglesia. Pero, por encima de esta ancestral costumbre que nos recuerda la época feudal, los hórreos han sido y son un punto central y clave en la vida del pueblo ¿Quién de niño o menos niño no pasó horas y horas resguardándose de la lluvia bajo uno de ellos?, ¿quién, oculto por sus pegollos, no fumó aquí sus primeros cigarros?… Si sus vigas contaran lo que vieron y oyeron…

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